«El Templo de Jerusalén y el discurso escatológico de Jesús | Jorge Manuel Rodríguez» – Apunte de Rocio
El Templo de Jerusalén y el discurso escatológico de Jesús — Apuntes
El Templo de Jerusalén no era simplemente un edificio religioso: era el lugar donde los judíos creían que habitaba la presencia de Dios. Era una de las grandes maravillas de la antigüedad, una construcción gigantesca que dominaba Jerusalén y que tenía un profundo significado espiritual para todo el pueblo judío. Cuando Jesús entra en Jerusalén y es recibido como Mesías, la expresión “si estos callan, las piedras gritarán” se entiende en relación con el propio Templo: las piedras mismas daban testimonio de quién era Jesús.
Jesús anuncia que el Templo quedará vacío y será destruido. La frase “vuestra casa quedará desierta” no se refiere simplemente a un abandono físico, sino a que la presencia de Dios abandonará el Templo, retomando antiguas profecías de Jeremías y Ezequiel. El juicio no es únicamente sobre un edificio, sino sobre una realidad religiosa que está llegando a su fin.

Cuando los discípulos muestran a Jesús las edificaciones del Templo, él responde que no quedará piedra sobre piedra. Esta afirmación no surge en un vacío: existía en aquella época una percepción creciente de que algo iba a suceder con Jerusalén y con el Templo. Diversas tradiciones y profecías hablaban de una futura destrucción.
Flavio Josefo relata acontecimientos extraños ocurridos antes de la destrucción del Templo. Durante una celebración de Pentecostés, sacerdotes que cumplían sus funciones afirmaron haber escuchado voces que decían: “Nos vamos de aquí”. El relato es interpretado como una señal de que la presencia divina abandonaba el santuario. Josefo no era cristiano, y el hecho de que también aparezca mencionado por otros historiadores hace que el episodio resulte especialmente significativo dentro del contexto de la época.
La destrucción del Templo en el año 70 constituye el primer gran tema del discurso escatológico. Según Josefo, los romanos intentaron evitar el incendio, algo coherente con la costumbre romana de preservar los grandes santuarios conquistados. Sin embargo, la situación se descontroló y un soldado terminó lanzando una antorcha que provocó el incendio definitivo. Josefo llega a describir el episodio como si una fuerza superior condujera inevitablemente los acontecimientos hacia la destrucción. También destaca que el Templo fue destruido el mismo día y mes en que había sido destruido el Primer Templo por los babilonios siglos antes.
Para los primeros cristianos, el significado del Templo ya había cambiado incluso antes de su destrucción. Seguían acudiendo al Templo para la oración, pero ya no lo consideraban el lugar de los sacrificios. El sacrificio definitivo era el de Cristo. Por eso, cuando Jesús habla de destruir el templo y reconstruirlo en tres días, el Evangelio aclara que se refería a su propio cuerpo. Jesús pasa a ser el verdadero Templo, el lugar definitivo de encuentro entre Dios y los hombres.
La destrucción del Templo no es presentada como el fin del mundo. Aquí aparece una de las claves de la conferencia. Una lectura superficial de los Evangelios parece unir directamente la caída de Jerusalén con el fin de los tiempos. Sin embargo, Lucas introduce un elemento fundamental: Jerusalén será pisoteada por los gentiles “hasta que se cumplan los tiempos de los gentiles”. Esto implica un período histórico intermedio entre la destrucción del Templo y el final de la historia.

Mateo y Marcos contienen la misma idea. Antes del fin debe anunciarse el Evangelio a todas las naciones. El fin no puede llegar inmediatamente después de la destrucción de Jerusalén porque antes debe existir un tiempo dedicado a la expansión universal del cristianismo. Por eso los apóstoles se dispersan rápidamente por el mundo conocido para predicar. No actúan movidos únicamente por el deseo de evangelizar, sino también por la convicción de que la difusión universal del Evangelio forma parte del plan previo al regreso de Cristo.
La destrucción del Templo marca el comienzo de la época de los gentiles. El centro religioso del judaísmo desaparece, pero la historia continúa. Los romanos trasladan los tesoros del Templo a Roma y continúan cobrando los impuestos que antes estaban destinados al santuario judío. Más tarde, tras nuevas rebeliones, Jerusalén queda cerrada a los judíos durante siglos.
Desde la perspectiva cristiana, el Templo de Jerusalén ha sido superado por una realidad nueva. El antiguo sistema sacrificial queda sustituido por el sacrificio de Cristo. El verdadero lugar de encuentro entre Dios y la humanidad ya no es un edificio de piedra, sino la persona de Jesús. Por eso la destrucción del Templo no representa una derrota del plan divino, sino el cierre de una etapa y el inicio de otra.
El discurso escatológico debe leerse distinguiendo dos acontecimientos diferentes: la destrucción histórica de Jerusalén y el fin definitivo del mundo. Ambos aparecen relacionados, pero no son el mismo evento. Entre uno y otro se extiende el largo período histórico de la predicación del Evangelio a todas las naciones, período que, según esta interpretación, continúa hasta el presente.
FUENTES
- Video «El Templo de Jerusalén y el discurso escatológico de Jesús | Jorge Manuel Rodríguez«., publicado en canal «Ateneo Mercantil de Valencia«.
