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La Misa: el momento donde la cruz vuelve a estar presente

La cruz parece algo del pasado. Una historia lejana. Un momento que ya ocurrió.
Pero la fe cristiana dice algo mucho más fuerte: la cruz no quedó atrás.
Cada vez que se celebra la Misa,
ese mismo sacrificio vuelve a hacerse presente.

No como un recuerdo.
No como una representación. Sino como una realidad.
Jesús no muere otra vez. Pero su entrega, su amor, su sacrificio…
se hacen presentes hoy. Acá. Ahora.

Esto cambia completamente la forma de ver la Misa. Porque ya no es solo una celebración. Es el mismo acto en el que Jesús dio su vida.
En la cruz, Jesús se entregó completamente. En la Misa, esa entrega se vuelve accesible. Sin violencia. Sin sangre visible. Pero con la misma profundidad.

Y hay algo que muchas veces pasa desapercibido: vos no estás afuera de eso. Estás invitado a entrar.
Entrar no significa hacer algo complicado. Significa algo más simple… y más desafiante:
unirse. Unir tu vida a ese momento.
Tus luchas.
Tus errores.
Tus intentos.

Porque la cruz no fue solo un hecho histórico. Fue un acto de amor. Y en cada Misa, ese amor se vuelve a ofrecer.
Tal vez la pregunta no sea si vas o no a Misa. Tal vez sea otra: ¿te das cuenta de que estás frente al mismo momento en que todo cambió?








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