Apunte de la tesis doctoral «La Sábana Santa y sus implicaciones histórico-artísticas» de Rodríguez Almenar, Jorge-Manuel (páginas 86-95). Referencias primitivas a la «Sábana de Cristo»

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La posible relación entre la Imagen de Edesa y la Síndone

No puede demostrarse documentalmente una trayectoria histórica completa que enlace la Síndone de Turín con la sábana de Cristo, ni existen pruebas de todos los pasos que habría seguido antes de mediados del siglo XIV.1

«Hoy por hoy no se puede demostrar documentalmente —de forma incontrovertible— una trayectoria histórica completa que enlace la Síndone de Turín con la sábana de Cristo».

La posible continuidad entre la Síndone y la Imagen de Edesa, posteriormente llamada Mandylión, se plantea por tanto como una reconstrucción histórica hipotética.

Las primeras referencias a los lienzos

Las menciones más antiguas se encuentran en los evangelios canónicos.

Mateo afirma que José de Arimatea tomó el cuerpo de Jesús y:

«lo envolvió en una sábana pura (en griego “síndone kathara”)».
Mateo 27, 59.2

Marcos señala igualmente que José de Arimatea:

«compró una sábana (síndone) y, descolgándolo, lo envolvió en la sábana».
Marcos 15, 46.

Juan añade que José de Arimatea y Nicodemo:

«tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los perfumes, según la costumbre que tienen los judíos de sepultar».
Juan 19, 38-40.

Una de las formas de enterramiento judío consistía en disponer un lienzo largo bajo el cuerpo y plegar la otra mitad sobre él. En 2009, un estudio sobre una tumba judía del cementerio de Akeldama, en Jerusalén, documentó una sábana colocada por encima de la cabeza y cubriendo el cuerpo.3

La Síndone presenta además una circunstancia peculiar: el tipo de tejido y los restos de ungüentos corresponderían a un enterramiento de cierto nivel social, mientras que las huellas pertenecerían a un crucificado. Esta aparente contradicción podría explicarse, en el caso de Jesús, por la intervención de José de Arimatea y Nicodemo.

¿Qué ocurrió con los lienzos?

Juan relata que Pedro y Juan encontraron en el sepulcro los lienzos y el sudario, pero no explica qué ocurrió posteriormente con ellos.

Su conservación habría sido problemática. Según las normas judías, los tejidos manchados con sangre de un cadáver eran considerados impuros.

Conservarlos podía implicar una profanación de la sepultura, alimentar la sospecha de un robo del cuerpo y, especialmente si presentaban una imagen, entrar en conflicto con las prescripciones religiosas.

La ausencia de información posterior en los evangelios puede explicarse, por tanto, como una medida de prudencia. Se trata de una hipótesis, no de un hecho documentado.

Menciones posteriores a la conservación de los lienzos

Existen varias referencias antiguas, aunque su valor probatorio es limitado.

El Evangelio de Pedro, posiblemente escrito hacia el año 130 d. C., y otros textos apócrifos de los siglos II al IV mencionan la conservación o presencia de los lienzos.4

La Vida de Santa Nino de Georgia atribuye a Pedro su recogida. La Carta 42 de San Braulio de Zaragoza afirma que Juan y Pedro se llevaron los lienzos cuidadosamente plegados.5

También un texto del obispo Isodad de Merv, hacia el año 850, atribuye su conservación a Simón Pedro.

Un texto relacionado con el papa San Silvestre dispone además que la misa se celebre:

«sobre linos blancos en recuerdo de aquella limpia sábana en que fue envuelto el cuerpo de Cristo».6

Esta última referencia podría ser simplemente un recuerdo del relato evangélico.

El «Evangelio a los Hebreos»

Una de las referencias más antiguas aparece en el llamado Evangelio a los Hebreos, datado a comienzos del siglo II.

San Jerónimo conserva en De Viris Illustribus el siguiente pasaje:

«Mas el Señor, después de entregar la Síndone en manos del siervo del sacerdote, fue hacia Santiago y se le apareció».7

No es posible saber quién era ese «siervo del sacerdote» ni demostrar la historicidad del episodio.

El texto resulta relevante porque refleja una tradición muy antigua según la cual la sábana habría sido conservada después de la Resurrección.

No se menciona todavía la existencia de una imagen o huella sobre ella.

IMAGEN

«Página del manuscrito griego de la obra de San Jerónimo “De viris ilustribus” con las palabras que hacen alusión a la sábana subrayadas».

El Misal Mozárabe

El Misal Mozárabe contiene en el prefacio de la Misa del Sábado de Pascua:

«Pedro con Juan corrió al sepulcro. Vio en los lienzos las huellas recientes del difunto resucitado».8

La referencia va más allá de los evangelios canónicos al mencionar expresamente la existencia de «huellas» en los lienzos.

Estas alusiones no demuestran de forma categórica la conservación de la mortaja, pero permiten plantear la existencia de una tradición antigua sobre ella.[1]

IMAGEN

«Misal mozárabe reimpreso en enero de 1500, por orden del cardenal Cisneros, donde se ubica la cita. Facsímil del incunable conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid».

La difícil aceptación de las imágenes

La aceptación de imágenes religiosas fue un proceso conflictivo durante los primeros siglos del cristianismo.

Constancia, hermana del emperador Constantino, habría pedido a Eusebio de Cesarea una copia de un supuesto retrato auténtico de Cristo. La respuesta atribuida a Eusebio rechaza la petición:

«¿no conoces el pasaje en el que Dios manda no hacer imagen alguna de cualquier cosa allá arriba en el cielo, o aquí abajo sobre la tierra?».9

La autenticidad de esta carta ha sido discutida.10 11

Frente a esta posición, Atanasio de Alejandría justificaba los retratos de Cristo mediante el misterio de la Encarnación:

«la práctica de realizar retratos realistas de Cristo no sólo era lícita sino buena».

La existencia de estas posiciones contrapuestas muestra que la aceptación de imágenes no fue inmediata ni uniforme.

Epifanio de Salamina

Hacia el año 390, una carta atribuida a Epifanio de Salamina describe una iglesia donde se encontraba:

«una larga tela, teñida y pintada, que llevaba la imagen de un hombre semejante a Cristo».

El texto continúa relatando que la tela fue desgarrada por considerarse contraria a las Escrituras.12

El episodio permite comprender las dificultades que habría presentado la exhibición de una supuesta mortaja con una imagen de Cristo.

La autenticidad de la carta también es discutida. Algunos autores la consideran una posible falsificación iconoclasta posterior, mientras que otros consideran difícil explicar el relato como una invención completa.13

La hipótesis de Ian Wilson

En este contexto de rechazo a las imágenes y de impureza asociada a una mortaja con sangre, Ian Wilson planteó en 1978 que la Sábana Santa podría haberse conservado durante los primeros siglos bajo otro nombre y con una apariencia diferente.14

Esta hipótesis constituye el punto de partida para relacionar posteriormente la Síndone de Turín con la Imagen de Edesa.

La identificación no queda demostrada en estas páginas: se presenta como una hipótesis que será desarrollada a partir de las fuentes posteriores.


FUENTES
  1. RODRÍGUEZ ALMENAR, Jorge-Manuel. La Sábana Santa y sus implicaciones histórico-artísticas. Tesis doctoral, Historia del Arte, mayo de 2017, pp. 86-95. ↩︎
  2. Evangelios canónicos: Mateo 27, 59; Marcos 15, 46; Juan 19, 38-40; Juan 20, 7. ↩︎
  3. MATHESON, Carney D. et al. “Molecular Exploration of the First-Century Tomb of the Shroud”. PLOS ONE, 2009, vol. 4, nº 12. ↩︎
  4. DE SANTOS OTERO, Aurelio. Los Evangelios Apócrifos. Madrid: B.A.C., 2001. ↩︎
  5. SAN BRAULIO DE ZARAGOZA. Carta 42, en PL, LXXX, 689-690. ↩︎
  6. DUCHESNE, Louis. Le Liber Pontificalis: texte, introduction et commentaire. I. 171. Paris: Bibliothèque des Écoles françaises d’Athènes et de Rome, 1955-1957. ↩︎
  7. «Mas el Señor, después de entregar la Síndone en manos del siervo del sacerdote, fue hacia Santiago y se le apareció».[7] SAN JERÓNIMO. De Viris Illustribus. II. ↩︎
  8. Misal Mozárabe. Prefacio de la Misa del Sábado de Pascua, según la transcripción reproducida en la tesis. ↩︎
  9. FRALE, Bárbara. La Síndone di Gesù Nazareno. Bologna: Società Editrice Il Mulino, 2009. ↩︎
  10. GERO, S. “The true image of Christ: Eusebius’ letter to Constantia reconsidered”. The Journal Theological Studies, 1981, nº 32, pp. 460-470. ↩︎
  11. THUMMEL, H. G. “Eusebios´ Brief an Kaiserin Konstantia”. Clio, 1984, nº 66, p. 210. ↩︎
  12. SAN EPIFANIO DE SALAMIS. Carta a Juan de Jerusalén. PG XLIII, 390-391. ↩︎
  13. PFEIFFER, Heinrich. “The Shroud of Turin and the Face of Christ in Paleochristian, Bizantine and Western medieval Art”. Shroud Spectrum International, 1983, nº 9; 1984, nº 10. ↩︎
  14. WILSON, Ian. The Shroud of Turin. The burial cloth of Jesus Christ? New York: Doubleday & C., Garden City, 1978. ↩︎

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