Apuntes sobre Charla Cuaresmal, D. Santiago Vela

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Charla que da el Profesor D. Santiago Vela: Es un reconocido profesor (secundaria y bachillerato), teólogo y escritor español. Ha ejercido como profesor de Religión y Moral Católica en institutos de Málaga durante más de 35 años. Se ha especializado en teología sistemática y ha dictado diversas conferencias y publicaciones sobre la fe y el estudio de la religión.

Las heridas de la Sábana Santa revelarían cómo Jesús cargó el patibulum (la parte horizontal de la cruz) sobre los hombros. Argumenta que Jesús solo llevaba el patíbulum y no la cruz completa, apoyándose en protocolos romanos y en una escoriación diagonal en la espalda visible en la sábana. El roce constante del madero habría borrado marcas de flagelación y provocado una gran herida en la parte superior de la espalda. 

El Evangelio de Marcos dice algo curioso: nombra a los hijos del cireneo, Alejandro y Rufo. Eso probablemente significa que esas personas eran conocidas dentro de la comunidad cristiana de Roma a la que iba dirigido el evangelio.

Los condenados caminaban unidos con cuerdas y cargando cada uno su patíbulum. Un cambio de ritmo pudo provocar la caída de Jesús, debilitado por la pérdida de sangre y los golpes recibidos.

Simón de Cirene fue obligado a ayudar a Jesús a cargar la cruz. El Evangelio de Marcos menciona a sus hijos, Alejandro y Rufo, lo que indicaría que luego su familia pasó a formar parte de la comunidad cristiana de Roma. El contacto con el sufrimiento de Jesús habría transformado profundamente al cireneo.

La crucifixión se realizó con clavos, aunque los evangelios casi no lo mencionan explícitamente, salvo el episodio de Tomás y las heridas de Jesús resucitado.

Las marcas de la Sábana Santa muestran heridas en las muñecas compatibles con clavos y la ausencia visible de los pulgares en ambas manos.

Los estudios anatómicos muestran que un clavo atravesando la muñeca afecta el ligamento anular y provoca que el dedo pulgar se pliegue hacia adentro, explicando por qué no aparece en la imagen de la sábana.

Los pies aparecen cruzados, con una pierna aparentemente más larga debido al rigor mortis. En la zona de los talones se observan áreas donde desapareció la sangre. En los talones se habrían encontrado huellas digitales de quienes trasladaron el cadáver tras la crucifixión. Los movimientos para respirar en la cruz hacían que la cabeza se echara hacia atrás, provocando que la corona de espinas penetrara cada vez más en la nuca. Las distintas direcciones de los regueros de sangre en los antebrazos permiten reconstruir los movimientos de Jesús en la cruz al intentar elevarse para respirar. Jesús utilizaba principalmente un brazo para incorporarse porque el otro estaría dislocado. La herida del costado presenta sangre postmortem y líquido pleural, compatibles con una lanzada romana realizada después de la muerte. La sangre y los fluidos se depositaron también en la parte trasera de la sábana al recostar el cuerpo. En la espalda aparecen dos heridas adicionales provocadas por el paso de la lanza a través del cuerpo.

La lanzada coincide con el relato del Evangelio de Juan: “salió sangre y agua”, interpretado como sangre mezclada con líquido pleural. La doble condena de flagelación y crucifixión rompe el principio jurídico romano del “non bis in idem”, que impedía castigar dos veces por un mismo delito. El Sanedrín buscaba que Jesús muriera colgado de un madero porque, según el Deuteronomio, quien moría así era considerado “maldito por Dios”. La crucifixión transmitía la idea de que Dios mismo condenaba a Jesús.

El sufrimiento físico incluía fiebre, asfixia, calambres, agotamiento y pérdida masiva de sangre; el sufrimiento interior incluía humillación, abandono y dolor emocional. Las posibles causas de muerte fueron shock hipovolémico, asfixia o taponamiento cardíaco. El sufrimiento de Jesús se relaciona con el “Canto del Siervo de Yahvé” del profeta Isaías, interpretado como una profecía de la pasión

Los primeros discípulos habrían conservado la Sábana Santa pese a las prohibiciones judías sobre objetos funerarios, porque creían que Jesús había resucitado. María habría sido posiblemente la primera persona en custodiar la sábana tras la sepultura. Poema dedicado a María y a la Sábana Santa, centrado en el dolor de la madre al sostener el cuerpo de Jesús después de la crucifixión. Reflexión final sobre Jesús como “rostro de la misericordia” y sobre contemplar el crucifijo desde una nueva mirada marcada por el sufrimiento y el amor.

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